miércoles, 18 de mayo de 2022

UCRANIA EN NUESTROS CORAZONES.


 

UCRANIA EN NUESTROS CORAZONES.

14 marzo 2022

Cuando esto escribo anochece por estos lares madrileños. Una lluvia muy fina, casi pulverizada, se mece perezosa antes chocar contra los cristales de los coches y autobuses que en una procesión de luces amarillas y rojas se pierden por el hueco de una parte de la avenida que observo desde mi ventana.

Ya será de noche en Ucrania. En la ciudad asediada de Mariúpol, a estas horas no se verá ni un alma por sus calles. Sus habitantes estarán en los sótanos y refugios al resguardo de las bombas sin agua y alimentos. Mi imaginación a la que acompaña mi espíritu me lleva hasta allí. No es ficción las escenas que las televisiones nos ofrecen y que sobrecogen en las que vemos edificios destruidos por las bombas, y otros en llamas. Calles y parques donde hace unos días jugaban niños, ahora, muestran algún que otro cadáver tendido en el suelo. Me pregunto qué habrá sido de   aquellos pajarillos que de seguro pululaban de árbol en árbol alegrando el ambiente con su piar y  sus trinos en aquellos lugares de esparcimiento. De seguro que habrán huido a otros espacios lejos del estruendo de los misiles y del humo negruzco con olor a muerte y destrucción. Ellos gozarán de la libertad nutriéndose de lo que la naturaleza les brinda, en cambio, los niños que jugaban en esos parques llorarán abrazados a sus madres sin apenas alimentos, malviviendo en húmedos sótanos, preguntando por sus padres que luchan por la independencia de su nación y por su libertad. También preguntarán por su abuela enferma en la cama que el abuelo se quedó a cuidarla. ¡Qué será de ellos! ¿Estarán entre los escombros? Tal vez el edificio donde viven no haya sido bombardeado, pero ambos necesitan medicación. ¡Dios mío, cuanto sufrimiento! 

Y mientras tanto, el tirano y dictador ruso sigue masacrando al pueblo ucraniano. Dicen que luchan contra el capitalismo, aunque para capitalistas él y  todos sus amigos oligarcas con yates de cientos de millones de euros anclados en los puertos occidentales. No sé si conseguirá sus objetivos, aunque tal vez lo que logre será engalanar con las fotografías de soldados muertos los árboles y las farolas de alguna larga avenida como aquella que yo vi en mi visita a una de sus “provincias” al poco de caer el muro. Eran caídos en su gran guerra patria. Lo llevan en la sangre.

Es la hora de cenar, pero desde que veo en la televisión estas escenas tan desgraciadas, pensando en esta pobre gente, las lágrimas suelen resbalar por mi rostro durante la comida. No lo puedo remediar. Esto le digo a mi mujer cuando me lo reprime, pero es que la imagen de mis hijas y mis nietos sustituye por momentos a las de estas criaturas. Tal vez sea un sentimental, pero esto que está pasando me preocupa mucho. Lo siento. 

Amigos torrecampeños/as, ayudemos cada uno como podamos a esta gente que tanto está sufriendo. Seamos solidarios como siempre ha sido nuestro pueblo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario